[Cuento] Palomas

15:19


Escrito en el 2008.



Era cerca de media noche, Amparo dormía. Había sido un día agotador, de hecho había sido el día más cansado desde su llegada. Hacía un par de días que se encontraba en esta especie de retiro, no que fuera una persona espiritual, pero su trabajo lo había requerido. Había sido necesario que rentara una cabaña en un lugar más o menos apartado de aquel bosque, pues sería mucho más fácil encontrar los animales que buscaba y tomarles fotos.

Comenzó con los animales más grandes y fáciles de localizar: ciervos, conejos y ardillas. La mayor parte de sus fotografías habían salido bastante bien, por lo cual se sentía orgullosa y satisfecha. Ahora, empezaría con algunas aves.

Sin embargo, desde que llegó, el comportamiento de los pájaros era anormal, por no decir extraño. Para empezar, era rara la vez que los lograba ver, las aves que acostumbraban estar en grupo ahora eran solitarias y las que eran solitarias ahora estaban acompañadas. Las águilas ya no atravesaban el cielo y los búhos se mantenían despiertos durante el día.

Esa noche, Amparo despertó súbitamente. La razón había sido un inesperado sonido, algo que perturbó la paz nocturna. Lo primero que ella hizo fue asomarse por la ventana, pero lo único que consiguió ver fueron varias plumas volando alrededor de la cabaña. Pensó en las aves, en su extraño comportamiento y en la foto que podría obtener. Salió de la cabaña, cámara en mano, pero, aún, solo veía plumas volar a su alrededor.

De nuevo escuchó aquel ruido, era algo que no podía describir por completo, se asemejaba a un graznido, pero estaba segura de que no se trataba de uno. Sin saber qué más hacer, decidió seguir el sonido.

Caminó por el bosque hasta que llegó a un claro. Las plumas seguían volando a su alrededor, impidiéndole ver más allá y el sonido se escuchaba cada vez más fuerte. De pronto, las plumas cayeron al piso permitiéndole ver lo que había en el centro del claro.

Palomas, decenas de palomas rodeaban el cadáver de un cervatillo y aparentemente lo comían. Después, llegaron algunas águilas y, al ver a las palomas, se alejaron. Al parecer, todos los pájaros huían de las palomas, ya que lo sucedido con las águilas se repitió con otras aves.

Ella tomó varias fotografías, pero el sonido producido por la cámara alertó a las palomas. De nuevo, una lluvia de plumas. Algo la picó, a este picotazo le siguieron varios. Ella corrió tratando de huir. Pero, entre plumas y piquetes, no era capaz de distinguir el camino que debía seguir y tropezó.

Pronto se vio cubierta de palomas. Sentía cómo empezaban a desgarrar el camisón de su pijama, cómo seguían con su piel. Comenzó a sentir cómo la sangre fluía entre sus piernas y en su abdomen y el dolor fue inmenso. Gritó como no lo había hecho nunca.

Cerró fuertemente los ojos y puso sus brazos frente a su cara en un desesperado intento de protegerse. Trató de dar vueltas sobre el piso, pero pronto quedó atrapada entre los árboles. Después, intentó levantarse y seguir con su huida, pero la cantidad de palomas no la dejó.

Estaba cansada, asustada, adolorida y angustiada. Recordó la cámara. Como pudo activó el flash y presionó el obturador. La luz asustó a las palomas, las cuales se alejaron, dándole tiempo suficiente para ponerse de pie y echar a correr de nuevo.

Estaba terriblemente asustada cuando consiguió llegar a la cabaña. Después de encerrarse, caminó de forma ausente hacia su habitación. Cuando se vio en el espejo no pudo creer que esa imagen le perteneciera. Estaba cubierta de sangre, más pálida que nunca y su rostro mostraba una expresión de terror que jamás había visto.

No podía pensar, su mente estaba en blanco. Se sentó en lo primero que encontró y mantuvo la mirada fija en el frente. De pronto, una pluma blanca pasó frente a ella.


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