[Divagaciones] Apología sobre el cigarro

14:01

Fotografía de Aleksandr Munaev

Hay tantas razones para no fumar como para fumar. Fumar es malo, es lo que no paramos de escuchar. Fumar daña la salud. Fumar es una adicción. Pero fumar es mucho más que eso.

En un contexto en donde fumar ya no se ve bien, se convierte en un acto de rebeldía. ¿Por qué se fuma si se sabe que es malo? Es la gran pregunta y tiene tantas respuestas como fumadores. Fumar es algo que alguien que no haya sido un adicto no entendería completamente. No hay manera de explicar la forma en la que se convierte en un ritual, no sólo el dar una calada, soltar el humo y perder los pensamientos en él; el ritual comienza desde la elección del momento. Porque siempre hay un momento indicado para fumar. Y entonces, sacas el cigarro y lo pasas entre tus dedos, saboreando el amargor aún antes de ponerlo en tus labios y esperando a que el tiempo para hacerlo llegue. Cuando por fin está en tu boca, tomas el encendedor y anticipas la primera calada, la primera exhalación y el humo. Sobre todo el humo y el fuego. Escuchas el papel del cigarro quemarse, ves el filtro manchado de labial y fumas. Fumas para perderte, para extinguirte con el humo una y otra vez.

Fumar es malo, sí, pero también es delicioso.

Y siempre, siempre hay una razón para fumar. Puede no conocerse la razón primordial para la futilidad de los intentos de deshacerse de este hábito, pero cuando se conoce, y se comprende, es cuando uno puede recobrar el control. ¿Mi razón? Era una muy sencilla, tenía que demostrar que pese a mi cara, no era una niña buena. No soy alguien ni tan agradable ni buena como a la gente le gusta creer y la mejor manera de mostrarlo era fumando. Era haciendo un acto transgresor públicamente y disfrutarlo. Era fumar sabiendo que eso me hacía daño y que incluso con ese conocimiento elegía hacerlo. Elegía una pequeña autodestrucción y estaba consciente de eso.

No siempre fue así. Cuando tenía dieciséis y aprendí a fumar, no me gustó y si lo hice fue sólo porque tenía que probarlo, porque no quería llegar a vieja sin haber probado muchas cosas.

No volví a fumar sino hasta dos años después, cuando entré a la universidad. Mi dependencia a él fue creciendo paulatinamente. Al principio, fumaba sólo cuando estaba nerviosa o tenía sueño. Después si estaba muy enojada y pronto cuando estaba exaltada. Tenía que fumar para calmarme. Fumar y estar un tiempo a solas, sólo respirando, jalando y lanzando el humo, observarlo perderse frente a mí.

Fumar y sentir que lo que me molestaba se quemaba con el tabaco. 

Después de los momentos de necesidad, llegaron los momentos en los que quería fumar. Sólo por el placer de hacerlo, porque se sentía correcto, porque quería hacer una pausa y grabar lo que había a mi alrededor mientras fumaba. 

Se sentía bien y reforzar recuerdos con el sabor de tabaco era algo que quería.

Los cigarros compartidos y los regalados son otra historia. No era la soledad, el olvido o el recuerdo lo que se buscaba, era la comprensión. Porque compartir un cigarro es algo amistoso y combinar una plática con un par de ellos da un ritmo a la conversación y aporta silencios que de otra manera sería imposible.

Fumar también es llamar la atención, no es sólo por la cara de sorpresa que alguien pone cuando te ve fumar por primera vez, sino por los continuos regaños para que lo dejes, porque es malo para ti. 

Fumar es toda una experiencia. Y es esa experiencia la que uno intercambia por la salud o por minutos de vida. 

No, no vale la pena fumar desde el punto de vista de muchas personas, pero para quienes alguna vez hemos sido fumadores asiduos y disfrutamos de los diferentes sabores del tabaco, tiene todo el sentido del mundo.

Ya no fumo. Intenté varias veces dejarlo, con mayor éxito en cada intento, hasta que hoy simplemente ya no se me antoja. Pero entiendo a quienes fuman y sé por qué lo hacen, sé que es por esa razón particular de cada quien y también sé que cuando uno entiende ese por qué, puede decidir si dejarlo o no, porque ya no lo necesita y es cuestión de querer o no un cigarro.

Sin embargo, no voy a mentir, y a veces decido que quiero uno, ya sea porque es el momento o porque el estrés y la exaltación me ganan la partida. 

El cigarro es un acto de rebeldía o un refuerzo de la memoria. Gana amistades y regaños. Busca soledades y encuentra compañías. Llega a ser la calma necesaria y siempre tiene una razón detrás.

Y más allá de la nicotina, lo que puede ser la pieza clave de la adicción a fumar es la razón.

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2 bitácoras

  1. Mira que fumo muy de vez en cuando y cada vez menos, pero entre lo bien elegida que está la foto y lo bien escrito que está el texto, comprendo hasta las razones que no compartía. Descubrí tus blogs hace muy poco y me encanta como escribes y tus ideas (no necesariamente sobre el tabaco). Te sigo desde ya y espero leerte a menudo ;-)

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    1. Hola!

      Gracias por pasarte y por tus comentarios :)

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