[Cuento] Adelfos

15:09

Hades observaba a Zeus con atención, lo analizaba y estudiaba cada uno de sus movimientos. Zeus había sentido la pesada mirada de Hades y supo que lo estaba midiendo, que trataba de saber si era lo suficientemente bueno para ser el Rey de los Dioses.

Sintió una ira creciente hacia su hermano mayor, ¿acaso dudaba de él, de sus capacidades? Tal vez le tenía envidia, después de todo reinaría desde el Olimpo, con el cielo sobre él y la tierra a sus pies, y Hades lo único que tendría sería la compañía de ninfas grises y ríos de muertos. Hizo un gesto para que Hades dejara de verlo y enfrentó su furibunda mirada con la de él, pero Hades no retrocedió y lo miró con más intensidad.

—Deja eso —se quejó Zeus.

—Dejar qué —dijo Hades.

—Deja de verme.

—Ah, eso.

—Sí, eso.

Se mantuvieron en silencio unos momentos, observándose. Hasta que Hades habló.

—No. —Fue la tajante respuesta.

Zeus estuvo a punto de lanzarle uno de sus rayos y terminar con eso. Harto de toda la situación, se dirigió hacia el mapa de la tierra que tenía en la mesa más grande del salón y jugó con las piezas que representaban los reinos de los hombres. Hades no se perdió ni uno de sus movimientos.

—¿No deberías de estar en tus nuevos dominios supervisando y poniendo orden? —dijo Zeus.

—Todos están muertos allá abajo, no veo la prisa.

—¿Estás seguro que no deberías irte ya?

—¿Me estás echando? ¿Es esta la hospitalidad y el respeto que le muestras a tu hermano mayor?

—Tú empezaste, eres un insolente con tu Rey —dijo Zeus remarcando la última palabra.

—No —dijo Hadescon tranquilidad, y si seguía así de calmado Zeus no tardaría en arrojarlo por el borde del Olimpo—, soy alguien que se preocupa por su hermanito —dijo con tanta seriedad que Zeus pensó que se burlaba de él.

Hades caminó hacia una de las mesas y cogió la jarra con tallados de la guerra contra los titanes. Sonrió, estaba llena de néctar, lo olió antes de servir un par de copas y le extendió una a Zeus.

—Sé que no te va a gustar lo que voy a decir, pero aun así lo haré —dijo Hades antes de darle un sorbo a su copa—. No estás listo para ser el Rey de los Dioses, eres demasiado amable todavía. Eres el dios más amable que he conocido y cuando gobiernes sobre todos, las decisiones que tengas que tomar terminarán con esa amabilidad. Cuando eso pase, nunca volveré a ver a mi hermano menor, porque él se habrá ido, y sólo quedará mi Rey. —Hizo una pausa antes de continuar—. Si pudiera, haría un trato con las moiras para ocupar tu lugar, porque mandar sobre todos los dioses te destruirá por completo, y será más duro que gobernar sobre un reino de muertos.

Zeus miró a Hades sin creer lo que el otro le decía.

—Yo, no pensé, no creí que…

—Seguro creías que estaba celoso de que ahora tú fueras el Rey de los Dioses y yo sólo el Rey de los muertos, ¿no es así? —dijo Hades con su voz suave.

Zeus se avergonzó al verse descubierto y bajó la mirada.

—Aún eres un niño. Un niño malcriado, ingenuo y amable —dijo Hades y fue hacia la terraza, la vista de la tierra era espléndida desde ahí—. Ven —le dijo a Zeus y le hizo una seña. Y Zeus avanzó hacia su hermano sin dudar—. La vista es preciosa desde aquí, si he de ser sincero, eso sí lo envidio un poco.

—No te quejes tanto, allá abajo están los Elíseos. Seguro que son tan bellos como los reinos de los hombres.

—Probablemente, pero no tan interesantes.

Ambos guardaron silencio y se dedicaron a ver a Helio dirigiendo su carro hacia el horizonte; Selene no tardaría en aparecer y los hombres pronto encenderían el fuego que Prometeo robó.

—Te voy a extrañar, hermano —dijo Zeus.

Hades lo miró y no pudo evitar revolver su cabello.

—Sabes que siempre me puedes ir a visitar o también puedes ordenar que venga a verte. Después de todo, eres el Rey.

—El Rey —susurró Zeus.

—¿Sabes? Al menos los muertos no me darán tantos problemas como tú.

—¿Alguna vez vas a dejar de ser un insolente con el Rey?

—Déjame pensarlo —dijo Hades y fingió una pose reflexiva—. No, no lo veo posible. —Sonrió y se acabó el néctar de su copa. Zeus lo veía divertido y bebía su propia copa.

Mientras Hades siguiera tratándolo así, habría una parte suya que no se corrompería por completo. Siempre guardaría un poco de su amabilidad, aunque fuera solo para Hades.

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